Si pudieras verme ahora

Por: Eric Menjivar   | 

Luego de enfrentarnos en carne propia a la muerte de un hijo, hemos aprendido a vivir en medio de el dolor de la ausencia. Un experiencia devastadora, que le cambia la vida a cualquier familia que tenga que enfrentarla. Hemos aprendido que este dolor desgarrador tiene un precio. Es el precio de amar tanto a alguien, y como padres, estamos dispuestos a pagarlo.

Los días han sido duros, algunos malos, algunos desesperantes, hay momentos en que sentimos que nos ahogamos, que no podemos respirar, pero lo que si te podemos asegurar, es que con mucha paciencia, hemos visto la mano de Dios con nosotros y que siempre en el momento preciso, la mañana de Su Misericordia y Consuelo han llegado a nuestras vidas. Su promesa ha sido que podemos confiar en Él, que tiene una morada eterna para nosotros:

«No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en Mi. En el hogar de Mi Padre hay muchas viviendas, si no fuera así, se los habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se los preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde Yo esté. Ustedes ya conocen el camino para ir adonde Yo voy»  Juan 14: 1 -4

A pesar del inmenso dolor, en la fe en Dios hemos encontrado una fuente de fortaleza y de esperanza. Hemos decidido creer en Dios, fortalecernos y ayudar a otros.

Muchas veces parece que las amistades y la familia se ausentan,  y hemos aprendido, que por mucho que nos amen, ellos no pueden comprender el grado de duración y profundidad de nuestro dolor. Entendamos que tienen miedo de preguntar, miedo de vernos llorar y de sufrir. No los juzguemos, nosotros fuimos igual cuando no nos había pasado la situación.

No saben cómo acompañarnos a sufrir y pasar este dolor tan profundo. Hasta que no se vive en carne propia es muy difícil de entender, pero tenemos una buena noticia que compartirte: Hay alguien, que sí se atreve, es más, también nos entiende y ha sufrido nuestro mismo dolor. Su Hijo también murió… fue asesinado de una manera brutal en la cruz del calvario, y fue por ti, y fue por mí. Dios mismo, sabe lo que estás pasando ya que su hijo Jesús murió por nuestros pecados. Él comprende tu dolor y está dispuesto a amarte, consolarte, levantarte y sostenerte, si se lo permites.

Algunos piensan que nunca nos «recuperaremos», sin entender que nunca seremos la misma persona que éramos antes de que nuestros hijos partieran. Por fuera somos los mismos, pero en nuestra esencia algo pasó, se quebró. Nuestro corazón fue mutilado. Por eso te decimos: Caminemos juntos. No importa el tiempo que tome tu viaje. Es el tuyo y es único. Solo te podemos decir, no estás solo.

El vínculo con nuestra persona amada nunca desaparecerá, porque el amor siempre permanecerá. Solamente la relación es diferente, nosotros vivimos acá y ellos allá. Siempre los recordaremos, vivirán por siempre en nuestro corazón. Decidamos asumir el reto de no hundirnos en la pérdida y la tristeza. Nuestro futuro no será marcado por la tragedia. Ellos están más vivos que nunca, por una eternidad. El dolor, sufriéndolo sin Dios nos llevará a la destrucción. Si estamos en Su Mano, la prueba no nos destruirá.

Que al pasar el tiempo, podamos declarar, que este dolor tan profundo, aunque es real, no nos destruyó, sino al contrario, nos hizo más fuetes, mejores personas, llenos de amor, compasión y misericordia por los que sufren; y además, con deseos de ayudar y caminar con otros en nuestra situación. Al final, dando amor y consuelo, es como lo recibiremos. Compartamos el dolor, ayudemos a otros y dejémonos ayudar por otros.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación Mateo 5:4

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