Etapas del duelo

Por: Eric Menjivar   | 

Cuando muere alguien a quien amas tanto, tu corazón se hace pedazos. Piensas que todo se acabó, que nunca más volverás a sonreír y que la luz no brillará jamás en tu vida. Hay diferentes etapas que se atraviesan durante el proceso del duelo, y es de gran utilidad conocerlas para estar conscientes de lo que estamos pasando, y cuál es el proceso que vamos a vivir.

No necesariamente se tiene que pasar por todas las etapas. Algunas se manifiestan de una forma más fuerte y prolongada y otras no. Éstas vienen por oleadas y se mezclan entre sí. Cada quien lo vive a su manera. Es un proceso único e individual. Es ” Tu propio viaje».

Tú mismo necesitas darte el permiso de «estar de duelo». Siente el dolor, sufre, llora, extraña, enójate y saca todos los sentimientos que tengas. Reprimir tus emociones no es la mejor manera de enfrentar el dolor.

Como las estaciones (verano, otoño, invierno y primavera), así hay diferentes etapas en nuestras vidas. La que toca vivir ahora es un duro invierno, en el que el día es gris, su nombre es DUELO.  No hay retorno. Experimentaremos un vacío muy grande, una ausencia que duele hasta lo más profundo de nuestro ser y la enorme frustración de no poder hacer NADA, más que enfrentarlo. Solamente contamos con la fe y la confianza que Dios estará con nosotros atravesando este valle de sombra y de muerte.

Debemos ser valientes, llenarnos de paciencia e iniciar la travesía. Tendremos los recursos de parte de Dios; solamente decidamos poner de nuestra parte y sostenernos con todas las herramientas que vengan a nuestras manos para salir adelante.

Somos seres que se componen de tres partes: alma, cuerpo y espíritu. Esta separación tan dolorosa de la muerte es total, y por lo mismo afecta nuestras emociones, sentimientos, pensamientos, área espiritual y cuerpo físico. Aprendamos a escuchar nuestro YO interno. ¿Qué es lo que queremos o no queremos? Es momento de pensar en nosotros, de consentirnos, de poner nuestros deseos o necesidades como prioridad. Por ejemplo: No te sientas mal por darte el permiso de no ir a algún lugar o de quedarte en la cama toda la mañana. No debes esforzarte de más. Estas en un proceso y solamente TU sabes lo que sientes, escúchate.

Hay variedad de libros que hablan acerca de el duelo y en estos se enumeran de 3 a 5 fases. Para fines prácticos, tomaremos 5 pasos generales:

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 1. SHOCK – NEGACIÓN:

Lo que estamos viviendo,  parece una película. Como si nos hubieran anestesiado. «No puede ser» «¿Qué pasó?» Existe Incredulidad, confusión, sensación de ahogarse, angustia, boca seca, palpitaciones, mareos, llanto, gritos, manos frías y sudorosas, temblor etc.

En algunos casos (por ejemplo cuando la muerte es por una larga enfermedad y la persona ha sufrido mucho) al momento de la partida se puede sentir una especie de alivio.

 

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2. REBELDÍA, IRA, ENOJO:

Llegan todo tipo de emociones. Es bueno que las reconozcas y las puedas expresar (ira, enojo, cólera, tristeza, desamparo, ansiedad, estrés, impotencia, frustración, agresividad). Hay preguntas sin respuesta: ¿Por qué Dios permitió esto? ¿Por qué a mí?.

Hasta un grito desgarrador es válido. En esta etapa aparecen todos los «Si hubiera hecho o dicho» y también sentimiento de culpa (real o imaginario). Hay trastornos de sueño.

Tenemos enojo. Todo y todos caen mal. Culpamos a Dios, a nosotros mismos, al que partió, a las circunstancias, a los que están alrededor etc. Es tiempo de llorar, llorar, y llorar. Las lágrimas son sanadoras. No hacerlo impide la recuperación.

 

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3. DEPRESIÓN Y SOLEDAD:

Nos encontramos en el pozo de la desesperación. Sentimos volvernos locos de tanto pensar en lo mismo. El cansancio es total. Hay falta de concentración y un dolor tan intenso que es difícil poner en palabras.

Algunos hasta dudan de la existencia de Dios.

Jesús mismo en su humanidad, sintió esta soledad tan grande cuando preguntó a su Padre: ¿Dios mío, porqué me has abandonado?.

El  Señor conoce la clase de dolor que estamos sintiendo. Estamos viviendo la noche oscura de nuestra vida y pensamos que no saldremos adelante. Nos sentimos muy solos y nos preguntamos dónde están todas las personas que nos aman.

Estamos devastados en alma, cuerpo y espíritu. Ésta es una etapa en que por más que quieran motivarnos e inyectarnos el ánimo de seguir adelante, es muy difícil lograrlo.

 

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4. RECUPERACIÓN:

Poco a poco, empezamos a ver una pequeña luz, aunque muy tenue, al final de este oscuro túnel en el que nos vemos sumidos. Vamos llegando a la conclusión que, no hay vuelta atrás y que no podemos cambiar lo que ha sucedido. Empezamos a perdonar y a hacer las paces con nuestro mundo y los que en él habitan.

Tenemos que seguir adelante, aunque no sabemos muy bien cómo lo haremos. Vamos teniendo la capacidad de seguir la vida, aunque podemos pensar en «un día a la vez» y no en hacer grandes planes a futuro, porque hemos experimentado que la vida puede cambiar de un momento a otro.

Entendemos, que por más que nos duela, nuestra persona amada ya no estará. Las oleadas de dolor son menos seguidas y profundas. Esto no quiere decir que no habrán momentos, fechas especiales o lugares que nos traigan a memoria al que amamos.

Recuperarse, no quiere decir que olvidaremos a la persona amada. Esto es importante recalcar, ya que en algún momento, en que sentimos que vamos mejorando, podemos tener temor de olvidar, y en el fondo no queremos hacerlo. Poco a poco vamos siendo capaces de recordar palabras, momentos de felicidad vividos, puede que con nostalgia, pero otras veces con satisfacción o sonrisas.

 

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5. REINICIACIÓN DE LA VIDA:

Es muy difícil recuperarse de la pérdida de un ser amado, ya que es algo muy duro marcó nuestra vida para siempre. Por fuera parecemos la misma persona, pero no es así. El sufrimiento nos cambió por dentro. Y esto no necesariamente es malo. Es simplemente diferente. Resurgimos.

Después de un tiempo y habiendo enfrentado con mucho esfuerzo el proceso, recordaremos los buenos momentos, y aunque no lo creamos…. volveremos a sonreír.

Algunos decidiremos seguir adelante con la ayuda de Dios. Ahora somos más fuertes, amamos más, valoramos los pequeños detalles de la vida. Somos más compasivos con los que sufren, y queremos ayudar a otros en el proceso. No estamos solos; saldremos adelante, porque aunque hayan momentos en que retrocedemos, nunca volveremos al lugar donde iniciamos el caminar.

Otros, en cambio, decidirán quedarse en alguna de las etapas, y no seguir adelante. La vida se estancó. De corazón te animamos a no tomar esta decisión. Por más dura y triste que sea la situación que tengamos, vale la pena seguir luchando y agradecer cada minuto de vida.

Hay momentos de llorar y momentos para levantarse, pues nuestro propósito aún no ha terminado. Podremos reconocer que Dios siempre ha estado a nuestro lado, y que además, puso personas que nutrieron nuestras vidas en este tiempo. Puede que no hayan sido muchos, pero es momento de decir GRACIAS! al que asumió el reto de hacerlo y caminar contigo.

Estamos listos para seguir adelante, nuestra cicatriz nos recordará lo que ha acontecido, pero aprendimos a amar a quien partió de una manera diferente, antes lo teníamos físicamente y ahora está en nuestro corazón.

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