Lluvia en el corazón

Por: Eric Menjivar   | 

Por: Glenda de Coronado

Así como llegan las estaciones, vienen los cambios a nuestra vida. Algunas veces, son buscados e incluso anhelados, como la primavera – que con sus colores trae esperanza y renuevo. Otras veces, los cambios llegan como nubes negras, anunciando tormentas.  Son cambios que traen frío al alma y dolor al corazón.  Un despido, un divorcio, una traición,  o el dolor desgarrador de la muerte de alguien que amamos, son cambios profundos, cambios que duelen… son como lluvia en el corazón.

Cuando vienen las tormentas, la incertidumbre parece reinar. Lo oscuro de la noche nos envuelve y nos hace cuestionar lo que pensamos, creemos e incluso lo que somos.  Las tormentas cambian nuestro entorno y por ello, nos cambian a nosotros.  Después de la tormenta nos damos cuenta que nuestra realidad es distinta, y tenemos que enfrentarla.  Las tormentas traen destrucción, es cierto.  Debemos reconocer las pérdidas y pasar por un proceso de duelo. Debemos transitar por la tormenta que se nos presenta y llegar al punto en que estemos listos para un nuevo comienzo.

Después de la tormenta, debemos volver a aprender cómo es un mundo que ha quedado transformado por ella.  Las circunstancias cambiaron, debemos aceptarlo.  Nosotros tampoco somos los mismos, el dolor profundo nos cambió. Pero estos cambios también nos dan la oportunidad de pasar por una metamorfosis, nos dan una oportunidad de reinventarnos, de ser mejores personas.  Nos da la oportunidad de vivir y apreciar la vida de manera diferente.

Si estas en medio de la tormenta, clama a Dios – Él es la roca firme y refugio por excelencia.   Si estas saliendo de ella y solamente puedes ver caos y escombros a tu alrededor clama a Dios. Pongamos nuestra confianza en Él. Tomados de su mano, podemos atravesar los valles más oscuros y soportar las lluvias en el corazón, sabiendo que Él es nuestro pastor.

El Señor es mi Pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Salmo 23:1-2

El único camino para ir al cielo es JESÚS.

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