Dos madres, una tragedia y una decisión sanadora‏.

Por: Sussy Rodriguez   | 

Por: Vilma Marroquín de Rodríguez

Somos Vilma y Betty. Y no;no somos las amigas inseparables de toda la vida de la caricatura Los Picapiedra. Es más, ni nos conocíamos. Hoy hace 5 años llegó una tragedia a nuestras vidas que nos cambió para siempre. Casualmente, como hoy, fue un día domingo. Ambas recibimos una noticia desgarradora, nuestros hijos, Alex y Gabo habían muerto de una forma violenta.

¿Como es conocer a la mama del joven que falleció con tu hijo en la morgue? Es algo espantoso, algo que no tiene nombre y un dolor que no se le desea a nadie en el mundo. Eso sentimos las dos.

Nos presentamos y abrazamos. Estábamos en estado de incredulidad, aunque serenas. Era una película de horror la que estaba pasando, pero nosotras, aunque no lo supiéramos claramente, éramos las protagonistas.

Cada una vivio el proceso doloroso y desgarrador de las primeras semanas por su lado. Como se vive esto? No te lo explican y piensas que te estás volviendo loca. Es un cansancio emocional, mental, físico y espiritual. Es la noche oscura del alma.

Hay tantas preguntas sin respuesta , y un dolor, dolor de ausencia y de recuerdos. Duele el pasado, el presente y el futuro. No hay palabras que lo puedan explicar.

Cuantas lagrimas!!! Si con llorar el ser amado volviera a la vida… Pero no, no hay vuelta atrás. Se fueron para no volver.

Dos o tres meses después decidimos reunirnos y caminar juntas en la vida. Estoy segura que Dios lo puso en nuestro corazón, pero que ambas tuvimos que decidir hacerlo.

Hoy puedo decir «la decisión sanadora» ha sido creerle a Dios. Saber que nuestros hijos están bien y que volveremos a verlos, ya que solo se han adelantado y volvieron «a casa» donde están esperandonos cuando terminemos nuestro propósito y el Señor nos llame.

Creerle a Dios implica saber que Sus tiempos son perfectos y que Alex y Gabo se fueron en el momento que les tocaba irse.

Creerle a Dios, lleva implícito el perdón. El perdón que nos liberta de la amargura y nos da paz para caminar un día a la vez .

Creerle a Dios es saber que Su amor está con nosotros y que ha utilizado a personas para bendecir nuestras vidas pero que entre ellas, una columna importante es nuestra entrañable amistad . Y saber, que esta relación, es un regalo que nuestros hijos nos dejaron y que estarían felices de vernos juntas, como lo haremos hoy.

A Dios sea la gloria, por lo que ha hecho en nuestras vidas y le agradecemos los años que nos permitió ser las mamás de estos dos jóvenes , nuestros amados hijos.

 

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